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23 Junio 2009
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Editoriales -
Darth Bishop
En 1997, Juan Camilo Mouriño, candidato del PAN a diputado por el V distrito local, enarbolaba un lema de campaña: “Vota por un hombre de verdad”; su adversario era Francisco Brown Gantús, candidato del PRI, quien satanizó la premisa acusando a Mouriño de homofóbico. Doce años han pasado y hoy ese estandarte electoral cobra fuerza, vigencia y certeza gracias a… Francisco Brown Gantús.
¿Cómo explicar entonces que Brown se sume hoy a las filas de Acción Nacional, después de que este Partido “lo calumnió”, “lo ofendió” y “lastimó en su dignidad”? Hacerlo es aceptar implícitamente aquellos dichos como válidos.
Pero así ha sido el andar de Brown Gantús: errático, contradictorio, paradójico. Hoy como ayer acusa de traidores a quienes el mismo ha traicionado. Es el nuevo grito de “al ladrón, al ladrón”, ahora es “al traidor, al traidor”. Pero, ¿Quién le cree a Pedro anunciando al lobo? O ¿quién le cree a quien actúa como pato, tiene cola de pato y traiciona como pato?
Esta versión campechana denominada “Panchito y el pato” debe ser contada de nuevo para dejar constancia de hechos. Pasemos a ello.
Brown, después de perder las elecciones del 97, acusó a todos de traidores, de haberlo vendido y de haber permitido que se ensuciara su buen nombre y prestigio. Pese a ello el PRI, 6 años después, en 2003, le da una nueva oportunidad. Uno hubiera creído que congruente con sus dichos, Francisco Brown rechazaría al PRI por la traición de la que fue objeto. No fue así: aceptó la candidatura y se mantuvo en ese partido.
2 años y medio después, a finales de 2005 y principios de 2006, Panchito abandona ese instituto plagado, según él, de traidores y pide posada al PRD para ser candidato a la alcaldía en un primer momento, y después, con la conformación de la alianza con PT y Convergencia, por la Coalición “Por el Bien de Todos”. El PRD lo abriga, lo apoya y lo promueve. Aún con la oposición de Convergencia y en menor medida del PT, Brown es candidato a la alcaldía y se le inscribe por la doble vía; es decir, aún perdiendo, Brown asumiría como regidor plurinominal.
Ese mismo PRD de 2006 que lo arropó como candidato, que lo hizo regidor plurinominal, es el mismo PRD que terminado el proceso electoral lo impulsó a otros cargos de dirección interna: nombrarlo y elegirlo Consejero Estatal, Delegado Estatal y nacional, fue el trato que Brown Gantús recibió de los perredistas campechanos.
Encarrerado, Francisco pide a compañeros perredistas lo ayudaran a ser candidato a gobernador por el PRD, y acude a Jesús Ortega, dirigente nacional para que también lo apoye en esta aventura. Ambos: Partido y dirigente, le dan su absoluto apoyo y confianza. Tan es así, que el Consejo Estatal del PRD de forma unánime lo elige, a principios de año, como su único candidato a gobernador.
Hoy, a escasos 5 meses de transcurrido esos procesos internos, Francisco Brown retoma su papel de víctima y plañidera.
Hoy PAN-chito vuelve a salir a cuadro y grita “al traidor, al traidor”, se asume como mártir, se tira al suelo y llora su desgracia. Acusa de traidores, de vendidos a esos perredistas que “se reparten las pluris para dárselas a sus incondicionales”, y sumido en el berrinche se entrega en los brazos del candidato de su cuñado Carlos Mouriño, hermano de aquel que pedía “Votar por un hombre de verdad”.
Si se mueve como pato, tiene cola de pato y pluma de pato, pues es PAN-chito Brown. Es su estigma y su destino. Vivir en la pobreza intelectual, invocar a dios en sus rencores, maldecir a otros por traumas y defectos personales, y traicionar, traicionar siempre.
Ahora sí, ya saben cómo masca la iguana con PAN-chito Brown.
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