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04 Noviembre 2009
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Editoriales -
El Perverso
Consagrada por los artículos sexto y séptimo constitucionales, en el apartado de garantías individuales, el estado protege y auspicia la libertad de expresión y circulación de ideas, a pesar de los extraordinarios esfuerzos de identificadas esferas de poder que miran con recelo el ejercicio de estos derechos inalienables.
La lucha entre la libre expresión y circulación de ideas contra el poder mal concebido es un asunto de hechura histórica que incide directamente en la cultura de pueblos y naciones, en tanto que es con base en estas libertades como una sociedad puede, y debe, dirimir cuestiones que son de interés para el colectivo que solemos llamar nación, país o patria.Mal concebido porque, después de siglos de luchas intestinas por el poder, en una sociedad democrática, o “proto” como en el caso de México, se aspira y pretende avanzar hacia los equilibrios reales del ejercicio de gobierno con base en una sociedad participativa, informada y formada en los asuntos de la agenda política nacional, en donde los medios plurales desempeñan un factor determinante frente a los encantos del ejercicio autoritario del poder.
Como instancias de poder, en estados democráticos constituidos como Republicas, su ejercicio se divide en estadios u órdenes, que en nuestro país son conocidos como ejecutivo, legislativo y judicial, cada uno con su esfera o ámbito de acción y funciones procedentes de la estructura que les sea propia.
Sin ser este el espacio para discernir acerca de la conformación del estado moderno en las concepciones liberalista y democráticas, apuntaremos que las sociedades actuales se encuentran en un proceso de transición de la franca pasividad al activismo político en razón de su búsqueda de satisfactores a las demandas que plantea el dinamismo actual, y en el que los medios masivos de comunicación (MMC) desempeñan un papel de singular relevancia por la influencia innegable que ejercen sobre las masas.
En este contexto, no poca tinta y papel se ha gastado acerca del uso y abuso de las libertades arriba descritas, de expresión y circulación de ideas, en especial a partir del auge, de la incidencia de los MMC en las sociedades contemporáneas.
Históricamente está demostrado que el estado pretende mantener el control del contenido de los MMC, ya se trate de asuntos informativos, o bien en el renglón de opinión, imponiendo candados de diversa índole al ejercicio profesional de la comunicación.
Sabido es que algunos oficios, y el periodismo es quizás el mas claro ejemplo, tienen como instrumento de trabajo a la palabra como un reflejo de la realidad que se vive, ya que el contenido noticioso y editorial es producto de "lo que sucede", y por ende conlleva una fuerte dosis de objetividad, a pesar del manejo informativo, línea editorial o estilo.
Es aquí donde se hieren susceptibilidades y entran en juego los intereses de diversos grupos de poder para manejar o manipular la información de acuerdo a la conveniencia de quien paga y quiere trabajar su imagen.
Es aquí donde encontramos las contradicciones que devienen del dinamismo de los diversos actores y sectores sociales, y el ejercicio del periodismo es puesto a prueba en su ontología, en su ética y valores, en su epistemología (en tanto proviene de la realidad social es conocimiento), por parte de quien o quienes creen y pretenden tener la verdad en sus bocas y no transigen ni permiten mas verdad que la suya, cual palabra de Dios, valiéndose de diversos medios para que la información y sus consecuentes editoriales no contravengan sus intereses.
Es aquí donde la censura hace su aparición.
En esencia, es difícil definir lo que la censura es. Sí podemos en cambio apuntar que se trata de las formas del poder autoritarista, despectivo y despreciativo, despótico, para que al menos en lo que a la prensa respecta las ideas y el conocimiento, las razones y las visiones, no tengan los espacios requeridos para su cabal ejercicio y expresión, en tanto que cada persona, cada ser humano tiene sus peculiares y singulares características, maneras de pensar, de ver, de hablar, de expresar, de comunicar, de poner en común su forma de ser, cosmovisión, idiosincrasia e ideología.
Considerada como el cuarto poder, la prensa independiente no es bienvenida ni vista con buenos ojos al menos por aquellos quienes tienen algo que ocultar respecto del ejercicio de sus funciones como entes públicos, y se recurre a la censura en sus distintas formas: desde las mas burdas y viejas (no por ello menos efectivas) como la coacción y amenazas físicas, hasta el cierre de espacios de expresión, la compra de plumas y conciencias, intervención telefónica (no es ficción), bloqueo de publicidad, tergiversión informativa, invención de expedientes y delitos, etc.
México y Campeche no son la excepción. A pesar de las reiteradas promesas y esfuerzos de muy contadas autoridades, las limitaciones a la libertad de expresión van mas allá de lo establecido por la propia Constitución, con la consabida cuota de sangre vertida cuando a toda costa se pretende silenciar la crítica, eje rector del periodismo que se precie de serlo.
Por si ello fuera poco, con tan mínima cultura en y de libertad, está de verse la limitación que impone la autocensura, que al igual que la censura también existe.
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