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20 Junio 2009
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Editoriales -
El Perverso
Apuntes Breves sobre reprobación y deserción en la carrera de Ciencias de la Comunicación del Instituto Campechano.
La actual Escuela de Ciencias de la Comunicación (ECC) del Instituto Campechano (IC) nace como Escuela Superior de Periodismo en 1983 junto con las licenciaturas de Trabajo Social y de Turismo, integradas al entonces Instituto de Lenguas y Estudios Superiores de Campeche (ILESC), siendo transferidas al Benemérito en 1988, meses después de que egresara la primera generación de periodistas.
Desde entonces, la currícula de la carrera ha sufrido al menos tres modificaciones orientadas inicialmente hacia la ampliación del espectro de las llamadas, discutidas, “Ciencias de la Comunicación” con motivo la fuerte influencia que en las sociedades ejerce esta “Industria Cultural”, de la mano del auge que en nuestro país, réplica del mundo globalizado, tienen los “Medios Masivos de Comunicación” (MMC).
De Escuela Superior de Periodismo”, nos encontramos en el nicho de lo que es hoy la Escuela de Ciencias de la Comunicación.
Con algún menoscabo, en ocasiones significativo, de ciencias sociales, diversos talleres de radio y televisión encontraron entre autoridades y estudiantes singular acogida.
Aunque no siempre con el éxito deseado, se buscó integrar el dominio técnico e instrumental (ista) con el conocimiento reflexivo y analítico tan caro a esferas de conocimiento filosófico y social con bases metodológicas diversas de las positivas que han dominado la práctica científica desde el pensador alemán Emmanuel Kant.
Es en este contexto, en el que bajo el membrete de nuevas técnicas de enseñanza y evaluación se implementan programas en los que la prioridad se dirigía hacia el incremento de la matrícula, así como el abatimiento de índices de reprobación a través de los llamados exámenes de opción múltiple, de completar frases, relacionar columnas y otros, que se fueron relegando la reflexión, el análisis, la capacidad de síntesis y por supuesto el entendimiento, la comprensión de las complejas dinámicas sociales.
Sobra decir que entre la mayor parte de la plantilla docente permeó el beneplácito: no era ya necesario revisar tediosos exámenes de respuestas abiertas, bastaba sólo un machote de guía con las respuestas para calificar con velocidad y sin “perder tiempo”.
Docentes de las cátedras “Teoría Social”, “Economía Política”, “Sistema Político Mexicano” o como en el caso de quien esto escribe, “Introducción a la Filosofía Contemporánea”, “Sociología de la Comunicación” e “Introducción a la Semiótica” no nos apegamos a los dictados de tal modernidad.
Los resultados no se dejaron esperar.
Notorias, las diferencias de los índices de reprobación entre los docentes que se apegaron a las modernas técnicas de evaluación y quienes nos quedamos con los tradicionales exámenes de preguntas temáticas en los que se requiere de capacidad reflexiva-discursiva llamaron la atención de funcionarios educativos encargados de supervisar los procesos de enseñanza aprendizaje desde la óptica singular, parcial, de métodos cuantitativos.
“Un maestro malo tiene muchos reprobados” resumía la burocrática percepción de tales administrativos quienes sin importarles la calidad formativa de estudiantes y egresados insistían en encubrir e ignorar las deficiencias de un sistema educativo rebasado por las exigencias del ejercicio profesional.
La aparición de nuevas teorías en sicología, sociología, epistemología, de ciencias de la comunicación y la evidencia del fracaso de las técnicas, de métodos previos de enseñanza marcaron otras tendencias.
Si bien se buscó compensar la falta de reflexión y el análisis sobre el desarrollo de las sociedades humanas con base en lecturas de autores y escuelas de ciencias sociales, diversos factores o variables antes ignorados hicieron su aparición: los tipos de inteligencias y capacidades diversas, novísimas concepciones sobre la escuela, estudios sicológicos, antropológicos y sociológicos son hoy dirigidos hacia una comprensiva compasión de diversos fenómenos que impedirían la completa formación y aprovechamiento del alumno.
¿Menos rigor académico?, ¿menor exigencia hacia los estudiantes por parte de los docentes?, ¿justificar el analfabetismo funcional?, ¿disfrazar con modernas teorías la falta de lectura y comprensión?, ¿inhibir la capacidad de redacción suplida por el “corta y pega” disponible en internet?, ¿se trata acaso de privilegiar metas cuantitativas en detrimento de la calidad y del raciocinio reflexivo-discursivo aunque se carezca de los conocimientos propios de una formación científica social?
Más allá de respuestas puntuales en estas breves líneas, se hace evidente que la Pedagogía diseña sus estrategias educativas hacia la formación de estudiantes de niveles básicos, quizá pertinentes y hasta necesarios en la enseñanza de nivel secundaria, difícilmente para preparatorias, menos para el nivel de licenciatura.
O…¿acaso el estudio de una licenciatura no implica una elección responsable, libre, consciente de lo que se quiere hacer como eje fundamental de un proyecto de vida?
Cierto, no podemos pasar por alto que no siempre las condiciones económicas, entre otras, resultan propicias para realizar estudios profesionales en instituciones educativas de mayor prestigio o que existen sólo fuera de Campeche, factor que en efecto puede ser determinante a la hora de tomar la decisión de estudiar una carrera.
No es, con mucho, el único factor, causa o variable.
Con edades que oscilan entre los 18 y los 21 ó 22 años, los alumnos de nuevo ingreso de la ECC del IC se enfrentan con una dura realidad: huyendo de las ciencias exactas y las de la naturaleza, creen que la opción fácil se encuentra en las disciplinas sociales, cuando lo que menos han hecho en sus estudios previos es leer.
¿Qué no es culpa de ellos sino del sistema educativo?, ¿demasiada televisión acaso?
Es más fácil no pensar que pensar, ergo: es más fácil no leer y ver tele.
¿Discutible?, posiblemente.
La evidencia es aplastante.
Sumemos a la evidencia fuera de toda duda de que los alumnos no saben leer, capacidad nunca estimulada en su formación bajo la tutela de la Secretaría de Educación Pública (SEP), el desconocimiento de la gran variedad de carreras técnicas y de licenciatura que existen, así como la falta de perfil adecuado que guíe la toma de decisiones para elegir una carrera, sin olvidar la ilusión generada por la magia, el prestigio y el “estatus” que proporcionaría, en peculiar percepción, “salir en la tele” o bien laborar en algún MMC, y encontraremos que son factores, o variables, que inciden directamente en los índices de reprobación y deserción de la ECC del IC.
Somos conscientes de que mi experiencia docente es sólo la que se enmarca en una particular percepción, interpretación y expresión (comunicación) formada en 5 años de disoluta cuan disipada preparatoria, así como de 9 semestres de carrera de “Ciencias Humanas” con subsistema en Filosofía, de la Universidad del Claustro de Sor Juana con exigentes maestros jesuitas, los mismos de la Universidad Iberoamericana.
Me explico muy brevemente: mi experiencia docente, es sólo eso, mi experiencia docente, no palabra de dios, y por supuesto que ello implica no cerrarme, al menos no del todo, a innovaciones propias del proceso del enseñanza aprendizaje implicadas en la necesaria actualización tanto de formación y capacitación como bibliográfica.
No somos menos conscientes de que el énfasis, la importancia del proceso de enseñanza aprendizaje recae en la formación del alumno y en su provecho, sin restar responsabilidad a la parte docente.
Es innegable.
Pero, seamos insistentes, ¿en dónde o en que parte de las modernas técnicas y teorías educativas olvidaron la importancia de la lectura, de leer y escribir correctamente un idioma?, objetivo y definición de la gramática tradicional, o de las matemáticas incluso, de la lógica y sus principios.
En el caso particular, motivo de estas líneas quizá caóticas más con hilo conductor, como docente de la materia y cátedra de “Introducción a la Filosofía Contemporánea”, con una experiencia docente de 22 años en niveles de secundaria, bachillerato y preparatoria, así como de licenciatura, llego a una dura, difícil, decepcionante conclusión: la mayoría de los estudiantes de nuevo ingreso de la ECC del IC no saben leer, menos pueden razonar, entender, reflexionar, comprender.
Cuando decimos mayoría, hablamos de que en un universo de hasta 70 alumnos de nuevo ingreso, reprueban Filosofía entre 35 y 50.
Considerados que podemos ser, elaboramos exámenes de hasta 15 preguntas abiertas, temáticas, que necesariamente implican de reflexión y análisis, de ejercicio de raciocinio discursivo, de las que pueden escoger 10, es decir, hay 15 opciones para responder 10 de ellas, consintiendo tanto que acudan a su libreta como a libros para ello.
Los resultados son poco refutables, pues al entregarlos existe además la disposición de revisar cada una de las respuestas explicando cómo y por qué son correctas o no,
reconociendo esfuerzos para el desarrollo de las mismas y corrigiendo la calificación cuando es el caso, además de que si algún alumno no queda conforme someto a la revisión el examen con maestros de la misma materia en otras carreras en aras de imparcialidad.
Podría alegarse en sentido contrario que si en este tipo de exámenes los alumnos obtienen pésimos resultados se pruebe con los de opción múltiple (hasta en sus nuevas modalidades), relación de columnas, completar frases, etc., sólo que quien esto piense o crea quizá olvide que se trata de filosofía, no de recetas de cocina ni de libros y autores de superación personal.
No es mi intención, nunca lo he pretendido, justificar mi desempeño docente, pero no pasemos por alto de qué se trata, que es Filosofía, que es propia del Hombre, el único animal que se pregunta acerca de su propio ser, que se toma a sí mismo como Objeto y Sujeto de conocimiento.
Y es la Filosofía asunto serio, tanto que pienso que cualquier escuela, teoría, método o autor que verse sobre educación es incompleto si no parte de una definición, al menos de un planteamiento filosófico del ser del Hombre.
No, no es palabra de Dios, apenas particular percepción, interpretación, expresión; no olvidemos que sólo se puede comunicar aquello que se conoce, además de que el conocimiento no es garantía de que se sepa comunicar.
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