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17 Octubre 2009
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Editoriales -
El Perverso
Como consecuencia, el ejército no sólo ha salido a las calles, sino que las ha tomado, haciendo lo mismo en carreteras, incursionando e impactando de lleno en las vidas cotidianas de millones de mexicanos que un día sí y otro también sufren de sus atropellos ante los vacíos legales de su presencia en la vida civil con el pretexto del combate al narcotráfico o la mal llamada guerra contra el crimen organizado. Más allá del poder que la portación de armas, el uniforme y el montón, otorgan a las fuerzas armadas y corporaciones policiacas sobre indefensos ciudadanos y súbditos, no existe sustento legal que ampare la actuación de soldados y policías, sostenidos sólo por el autoritarismo del presidente FELIPE I, pues en los hechos violan la constitución, nuestros derechos humanos, las garantías individuales al detener, revisar y amenazar sin orden de juez ni delito flagrante.
Todo con el manido pretexto del combate al narco.
¿Sabe usted, o alguien puede ilustrarnos, hasta donde llegan las facultades del ejército que arma en mano nos detiene, nos revisa, amenaza e interroga?, ¿cuál es su marco legal para proceder de esa manera?, ¿en donde queda o está el estado de derecho?
Supongo que aplastado por el derecho del estado, al menos como lo entiende FELIPE I.
Con este antecedente, conocedores de la ciencias políticas y jurídicas, algunos de ellos constitucionalistas, han apostado por la instauración de uno nuevo y (me dicen) temporal: el estado de excepción o de sitio.
Orden al que muchos tememos.
Quizá por desconocimiento de la técnica jurídica con sus lagunas de interpretación y sus vericuetos políticos de orden institucional.
Quizá por la aplastante realidad que nos dice, grita, implora, exhorta, previene, etc., que si en estos momentos, en los que supuestamente nos encontramos protegidos por la constitución los soldados actúan impunemente atropellando derechos ciudadanos y garantías, no podremos siquiera quejarnos de su proceder si el estado de excepción se llega a imponer bajo el esquema mental del autoritarismo de FELIPE I.
¿Cheque en blanco?
Pobre México, tan metido en el fútbol, pero tan cerca de la derechización ígnara del país.
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