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28 Noviembre 2009
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Editoriales -
El Tábano
Confeso, desde la primera línea.
Más allá de la personal consideración de que son muy contados los seres humanos que son merecedores de ser inmortalizados en piedra (y en aquello en los que si creo se trate por criterios muy diferentes a los comunes), madera, plástico o cualquier metal. Menos de que su nombre le sea impuesto a cualquier parte de una ciudad o pueblo, insisto, más allá de eso; creo que la estatua o busto para la figura de Juan Camilo Mouriño Terrazo es un auténtico exceso.
Y antes de perdernos en el ignoto de los ismos, y como explicación a lo afirmado, creo exactamente lo mismo en lo referente a las sendas estatuas y avenidas para Luis Donaldo Colosio y de José López Portillo, aunque esta última se encuentre registrada como derribada gracias a los buenos afanes de muchos campechanos, por lo menos en forma de deseo. Ya que el acto físico de tumbar la estatua del ex-presidente se le atribuye a Manuel Chablé Gutierrez, realizando lo que en la mente de muchísimos paisanos se había recreado en muy variadas formas, trailer desbocado, lazo y caballo, lo mismo pero con camioneta o motocicletas, bulldozer Caterpilar, una turba en total desobediencia civil, dinamita, uno o varios M1 Abrahams, cañonazo del 88, y hasta embestido por un Triceraptops (mejor ni pregunte) o ese trailer desbocado pero cargado con 10 toneladas de dinamita (tampoco).Dicho esto a manera de ilustración histórica, antecedentes o como una cuestión de mera jurisprudencia sobre el tema, y descartando cualquier noción de ideologías o partidos.
También sé que soy solo uno en medio de una multitud, ese busto (y los demás citados) es un exceso.
Desde el cerrado de calles con vallas, hummers, armas de asalto y ametralladoras, soldados, PeFePos, PePos y Estado Mayor Presidencial, desde ese acto mismo identifica a todo el evento como de carácter “ad-ovum” (que es latín para “por mis reales tanates”). ¿Y?
Sigue siendo un exceso, uno sin otra razón aparente que un gesto político para restañar heridas, equivalente al que se le dió a Don Carlos Sansores al inicio del sexenio de Don Jorge Carlos Hurtado Valdez.
Una Pipa de la Paz.
Y este gesto tiene el Plus de alcanzar hasta el corazón de Los Pinos.
Solo que en el caso del Busto en remembranza del fallecido ex Secretario de Gobernación y su cotidiana presencia en pleno Paseo de lo Héroes, el precio de esa fumada (de Pipa) se cristalizó en un exceso fuera de cualquier contexto o argumento, y un intercambio de editoriales difundidos por diversos grupos mediáticos.
Amén de un recuerdo con presencia física permanente que invita a la imaginación para considerar las casi infinitas maneras de ... ....
... y por esto es que me reconozco como un retrógrada irredimible.
Políticamente, creo que aun está por verse los efectos mensurables de la jugada, aunque hay quien afirma que todo es parte de un paquete en donde también se incluyeron cosas como el voto de los Diputados Federales y el presupuesto para Campeche, que pareciera ser mejor de lo que muchos pronosticaban.
Faltará de ver que mas puede moverse a mediano plazo, ya que -al final- el escenario de conflicto es solo cuestión de tiempo, hasta la fecha en que los intereses colisionen.
Y aunque hasta el momento no se ha dejado escuchar argumento alguno que permita retirar el muy merecido adjetivo de EXCESIVO.
Nadie, ni familias ni amigos.
Nadie, ni Doña Asunción, ha podido esgrimir en su voz un solo argumento que justifique la presencia del busto de Juan Camilo en medio del Paseo de los Héroes.
No obstante y mientras tanto, me rindo ante la evidencia. Bien lo han manejado así en la “e” (el pasquincito azul difamador) como en TeleAzul: Retrógadas quienes se oponen al Busto de Juan Camilo.
Aunque Paco también calificó de “infames” a quienes se expresaron en contra, pero creo que esto tuvo dedicatoria especial a los Corleone y fauna de acompañamiento.
Digo, creo.
***
Absolutamente deleznable el tratamiento que se dejado sentir en contra de Vladimir de la Torre por parte de “los que dicen que si saben de periodismo”.
Y aunque el conductor no tiene necesidad, ya que se defiende solo, vaya mi solidaridad.
Afortunadamente en Campeche existe pluralidad, y aceptarnos como diferentes es parte del juego.
En los medios tenemos la muy rara y valiosa oportunidad de contribuir a la comunidad de muy diversas formas, no creo que la injuria o la mezquindad sean una de ellas.
Sonora Trompetilla para los villanos.
¡Bellacos!
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