Dentro de los saldos del pasado 5 de Julio hay uno en especial cuyos asegunes flotan con descaro en el ambiente político, y es tema obligado en las más altas esferas de la grillofilia cafeteril: La derrota de la Propuesta del PRI para la alcaldía de Campeche.

Con la figura de Carlos Felipe Ortega Rubio como abanderado, por vez primera el Revolucionario ve perderse de entre sus manos la tan cacareada Joya de la Corona, la Capital del Estado.

Si bien hay quienes encuentran un muy válido consuelo en la recuperación del Municipio del Carmen, cuya importancia económica es muy superior que la de la propia capital, y que se debe valorar aun más considerando que fue la cabeza de playa por donde se fortaleció la llamada invasión azul al estado. También hay quienes piensan que Carmen no resulta suficiente  consuelo para quienes sienten que cargan con la derrota en La Capital, aquí las cosas adquieren otros tintes. Con la realidad de cifras discordantes por los votos obtenidos, en este municipio, entre las elecciones de Gobernador, en los siete distritos ganados por los tricolores y lo alcanzado por Ortega Rubio, hay -dentro del equipo derrotado- quienes se atreven a insinuar que existió mano negra en este asunto, pues los números no son consistentes.

Y es que la lectura e interpretación de las cifras electorales, si bien abren mucho terreno para la especulación pura, también pueden ser una muy útil herramienta de diagnóstico si se miran con objetividad y frialdad.

Creo que no debemos perder de vista que existen cuestiones básicas y estrictamente indispensables para poder enfrentar cualquier proceso electoral con oportunidades realistas y razonables de ganarla:

  • Antes de cualquier otra cosa hay que considerar el dinero.  Todo o casi todo de lo que se debe hacer vencer en las elecciones requiere Dinero: vehículos, estrategas, operadores, operación en medios, estructura, movilizaciones y mil y un etcéteras más.  Negar este elemento solo puede entenderse en un mundo color de rosa que presuponga la existencia de esa condición mitológica llamada Estado de Derecho.
  • Cubierta  la condición del dinero viene entonces la cuestión de la estructura electoral, y no solo nos referimos a quienes nos representarán en casillas, sino a TODO el aparato que trabajará para traer la mayor cantidad de votos para nuestra causa.
  • El Candidato.  Sin ambages, promover a un candidato es igual que cualquier campaña publicitaria para vender cualquier otro producto, y debe quedarnos muy claro que hay candidatos a los que resulta más sencillo “vender” que otros.


Como se dan los procesos hoy en día, el primero de los requisitos, el dinero se convierte en una condición sin la cual nomás cualquier participación en un proceso se convierte en anecdótica.

También hay que resaltar el hecho de que si dos o más adversarios poseen recursos, conocimiento y estructuras similares, tal y como se dieron en Campeche los pasados procesos electorales, el papel del candidato tendrá mayor relevancia.

Y aquí es donde encontramos el elemento clave en la batalla por la alcaldía campechana.

Contando PAN y PRI con estructuras y recursos  equiparables, los candidatos  se convirtieron en factores decisivos.

El PAN presentó a un Carlos Rosado Ruelas joven y de palabra fácil, el PRI a un Carlos Felipe Ortega Rubio entrado ya en sus sesentas y tan parlanchín cual guerrero espartano, y con el añadido de una gran carga a cuestas, la de ser considerado el candidato de los “mismos”, del grupo en el poder.

Ambos fueron por el voto de una población mayoritariamente joven, con muchos votantes primerizos.

Era demasiado handicap contra CFOR quien inició muy chato y con muy poca capacidad de asumir un liderazgo de opinión o de cualquier otro tipo.  Cierto que mejoró, y mucho, sobre todo en las tres últimas semanas, hasta se dio el lujo de ganar convincentemente uno de los debates, pero ya no le alcanzó el tiempo.

Cierto, Ortega Rubio ha destacado en su carrera como funcionario público, dio buenos resultados en el Congreso en donde sacó por unanimidad la mayoría de las propuestas de Ley, y eso es capacidad de negociación, de cabildeo.  Pero eso no es suficiente para  convertirlo a uno en un buen candidato, haría falta algo más.

La verdad es que, para el municipio de Campeche, la enorme diferencia de votos entre  Fernando Ortega Bernés con 60,983 (55.01%), y Carlos Felipe Ortega Rubio 45,300 (40.83%) ya nos da una gran idea del problema y sus orígenes. Considere también que la suma de votos para el PRI en los siete distritos del Municipio fue de 51,449, de nuevo mayor que la alcanzada por Ortega Rubio.

Por el otro lado vemos que Rosado Ruelas alcanzó 55,243 votos, y su candidato a la gubernatura, Mario Ávila solo 44,682.

Carlos Rosado no solo le ganó a Carlos Ortega, también al total de lo obtenido  los Diputados del PRI en los siete distritos de Campeche, superó además a Ávila Lizárraga por casi once mil votos. “Perdiendo” solo con Fernando Ortega.

Destacan los casi 61 mil votos de FOB, y también la polarización de todo el proceso, se redujo siempre a una batalla entre dos. 

¿Mano Negra? ¿O se trató de tan solo un mal candidato?

¿Cual le gusta más?

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